La verdad bíblica y la bondad en la fe y la práctica

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Aunque entendemos que la “homosexualidad es una manifestación de las alteraciones y quebrantamiento de las inclinaciones y relaciones humanas causados por la entrada del pecado en el mundo”, afirmamos que independientemente de su orientación sexual, todas las personas son queridas por Dios. No condonamos el hecho de discriminar o hacer distinción de ningún grupo en particular para menospreciarlo o ridiculizarlo, y menos todavía para abusarlo. Aun así, la Palabra de Dios, que trasciende el tiempo y la cultura, no permite un estilo de vida homosexual”.[4]

Con el propósito de brindar orientación respecto de la práctica de estas creencias, el 8 de abril de 2014, la Junta Ejecutiva de la Asociación General votó las pautas contenidas en el documento “Respuesta ante las actitudes culturales cambiantes respecto de las prácticas homosexuales y otras prácticas sexuales alternativas.[5]

Esas pautas repasan el ideal divino en cuanto a la sexualidad y el matrimonio y abordan el tema de la relación de la iglesia con la legislación civil, en lo que respecta a la homosexualidad y otras conductas sexuales alternativas. Esas pautas afirman que “la Iglesia Adventista del Séptimo Día considera la totalidad de la Palabra de Dios como su autoridad última en cuanto a verdad, doctrina y estilo de vida. . .”[6]

Una sección clave de ese documento, “Las libertades morales y religiosas de la Iglesia”, expresa:
La Iglesia Adventista del Séptimo Día anima a todas sus congregaciones, empleados, ministros dirigentes, organizaciones y entidades, a poner en alto las enseñanzas y prácticas religiosas respecto de la feligresía, el empleo, la educación y las ceremonias matrimoniales, lo que incluye oficiar una boda. Esas enseñanzas y prácticas religiosas se basan en las instrucciones de la Biblia respecto de la sexualidad humana, y se aplican igualmente a las relaciones heterosexuales y homosexuales. Es inconsecuente con la comprensión por parte de la iglesia y de las enseñanzas bíblicas el admitir o mantener como miembros de iglesia a personas que practican conductas sexuales incompatibles con las enseñanzas bíblicas. Tampoco es aceptable que los pastores o las iglesias adventistas brinden ceremonias matrimoniales o sus instalaciones para parejas del mismo sexo .[7]

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